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Goles Escritos
@golesescritos
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Soy Gabi, creador de Goles Escritos. Acá todas las historias que imagino tienen algo en común: el fútbol. Espero que disfrutes este pequeño rincón donde la pelota siempre es la protagonista. Saludos desde Argentina. ⚽
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Goles Escritos
@golesescritos • Sep 3
Hay mensajes que pueden arruinarte la semana en tres segundos, y Tomás estaba a punto de mandar uno que podía costarle mucho más que eso: la posibilidad de salir con la chica que llevaba meses intentando conquistar.
Había pensado en invitar a Sofía de mil maneras. Una cena. Un bar lindo. Alguna experiencia especial. Algo que dejara claro que no era una salida más.
Pero terminó eligiendo el plan menos romántico del mundo.
Abrió el chat.
“Tengo un planazo, ¿estás?”
Lo envió antes de arrepentirse.
La respuesta llegó enseguida.
“¿Qué plan?”
Tomás sonrió.
“Ahí te comparto la ubicación. Te espero.”
Dejó el celular sobre la mesa y miró lo que había preparado: el termo, el mate recién armado y una pelota de fútbol. El sol empezaba a caer entre los árboles y, por un momento, todo parecía exactamente como lo había imaginado.
Hasta que Sofía llegó.
Lo miró a él. Después al termo. Al mate. Y finalmente a la pelota.
—¿Esto es tu gran plan?
Tomás sintió que acababa de tomar la peor decisión de su vida.
—Sí…
Ella miró alrededor.
—¿Un parque y una pelota?
—Bueno… también traje mate.
Sofía soltó una carcajada.
—Qué romántico.
Tomás hizo una mueca.
—Podemos hacer otra cosa —dijo—. Vamos a comer, tomamos algo… lo que quieras.
Sofía lo observó durante unos segundos.
—¿Y vas a abandonar tu planazo así de fácil?
—Prefiero que hagamos algo que te guste.
Ella sonrió.
—A mí me encanta el plan.
Tomás levantó las cejas.
—¿En serio?
—Sí. Pero más te vale no ponerte a llorar cuando te haga un par de caños.
—¿Vos?
—Yo.
Y ahí empezó la guerra.
Primero fue uno de Sofía. Después uno de Tomás. Vinieron las cargadas, los empujones, las risas y una competencia que ninguno estaba dispuesto a perder.
Hasta que Sofía recibió la pelota frente a él.
—Sos un flancito.
—Cállate, querés.
Se puso de espalda a él, y le tiro un caño a lo Roman contra Yepes.
La pelota pasó limpia entre sus piernas.
—¡NOOO!
Tomás se agarró la cabeza.
Sofía salió corriendo, riéndose a carcajadas.
—¡Te lo dije!
—¡No, no juego más!
Tomás salió detrás de ella.
Sofía corría con la pelota bajo la suela y una sonrisa enorme. Él consiguió alcanzarla justo cuando el cielo empezaba a ponerse naranja.
—Sos muy linda.
Ella sonrió.
Y terminaron los dos sentados en el pasto, muertos de risa, con el mate entre ellos y la pelota apoyada a un costado.
—Che —dijo Sofía, mirándolo—. ¿El finde tenés algún planazo?
Tomás soltó una sonrisa.
—Depende.
—¿De qué?
—De si me vas a hacer un caño o no, fue mucha humillación por hoy.
Ella soltó una carcajada.
—No te preocupes, la próxima te dejo que pases entre mis piernas.
Tomás la miró en silencio.
Sofía tomó otro mate, completamente tranquila.
—¿Qué? ¿Te pusiste nervioso?
—No.
Ella le pegó un empujón.
Y los dos volvieron a reírse.
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@golesescritos • Sep 3
El recreo estaba a punto de terminar cuando Franco Benítez empezó a observar el patio con una atención que no correspondía a un chico de su edad. Sentado en uno de los bancos, fingía escuchar a sus compañeros, pero en realidad esperaba. Cada tanto levantaba la mirada hacia el edificio, hacia las ventanas de las aulas y, por último, hacia la tapia del fondo.
Allí estaba la única posibilidad.
No era una salida, en verdad. Solo una vieja tapia de ladrillos que separaba el patio de la escuela de la calle ruidosa. Los maestros habían repetido mil veces que no se acercaran demasiado. Mucho menos que intentaran treparla.
Franco lo sabía. Por eso había esperado.
El preceptor caminaba de un lado a otro del patio, vigilando a los que todavía no habían vuelto a clase. Una maestra conversaba cerca de la puerta del pasillo. Todo parecía bajo control.
Franco volvió a mirar la tapia. Después se levantó.
Caminó sin prisa, como si solo quisiera alejarse un poco del resto. Se detuvo unos segundos junto a una pared, miró hacia atrás y comprobó que nadie lo observaba. Entonces apoyó las manos sobre los ladrillos y comenzó a trepar.
Un pie. Después el otro. Sus dedos buscaron una grieta y se aferraron.
Ya estaba casi arriba cuando escuchó la voz detrás de él.
—¡Franco!
Se quedó inmóvil. La maestra que había salido del edificio lo había visto. Corrió hacia él.
—¡Bajá de ahí ahora mismo!
Franco no respondió. Por un instante pareció que iba a obedecer. Pero no lo hizo. Se impulsó con las piernas, pasó una pierna por encima de la tapia y después la otra. Y desapareció del otro lado.
—¡Franco!
El grito hizo que varios chicos se dieran vuelta. El preceptor corrió hasta el lugar y levantó la vista justo a tiempo para verlo caer del otro lado.
—¡Cruzó la tapia! —exclamó la maestra.
El patio cambió de inmediato. Algunos se acercaron a mirar. Otros empezaron a preguntarse qué había pasado. El preceptor abrió la puerta lateral y salió corriendo hacia el fondo. La maestra ya tenía el celular en la mano.
—Voy a llamar a la directora.
Mientras hablaba, todos miraban la tapia. Franco no aparecía. Pasaron unos segundos. Después casi un minuto. Parecía imposible que hubiera podido ir tan lejos.
El preceptor volvió corriendo desde el edificio.
—El portero no está, no pude salir.
La maestra no respondió. Le gritaron varias veces desde el patio. Nada. El silencio del otro lado empezó a volverse inquietante. Podía haberse escondido. Podía haberse lastimado. Podía incluso haber llegado hasta la calle.
Entonces apareció.
Primero asomó la cabeza por encima de la tapia. Después una de sus manos se aferró al borde. La otra permanecía levantada, protegiendo algo que llevaba contra el pecho.
El preceptor dio un paso adelante.
—¡Franco! ¡Cuidado al bajar!
El chico se quedó unos segundos sentado sobre la tapia, respirando con dificultad. Desde abajo, la maestra distinguía que sostenía algo entre las manos, pero la altura y el sol de frente no le permitían ver qué era.
Por un instante nadie habló. Franco miró hacia abajo. Después saltó.
Cayó torpemente sobre el patio y se incorporó con esfuerzo. Ahora lo veían de pie frente a ellos, cubierto de tierra. Tenía el guardapolvo manchado de pasto y barro, una pequeña raspadura en el cachete y el pelo completamente revuelto.
Pero nadie miró sus heridas. Todos miraban aquello que apretaba contra el pecho.
El preceptor fue el primero en comprender.
—No puede ser…
Franco levantó lentamente los brazos. La pelota de fútbol apareció entre sus manos.
Sus compañeros exclamaron de felicidad. La maestra lo observó con una mezcla de incredulidad y enojo.
—¿Se puede saber qué estabas haciendo?
Franco bajó la mirada.
—Se cayó del otro lado —murmuró por fin.
La maestra abrió los ojos. El preceptor miró a los chicos y después levantó la vista hacia la tapia. Entonces entendió. Todo aquel misterio. La espera. La trepada. El salto. La búsqueda. El alboroto. Todo había sido por una pelota.

#relatos #story #Futbol #infancia #historia
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@golesescritos • Sep 3
—¡Buenas!
—Hola, ¿cómo estás?
—Bien. Te voy a pedir otra de estas.
—Sí… agarrala, está en la heladera ahí.
—¿Estás bien?
—¿Cómo?
—No, que sí… ¿estás bien?
—Qué decirte… no, no, no. La verdad que no. Pero bueno, la vida, ¿no?
—¿Qué pasó? ¿No me querés decir?
—No… vos venís a disfrutar.
—No, no, te estoy preguntando en serio. ¿Qué pasó?
—Ehhh… se retiró Messi de la Selección.
—¿Se retiró?
—Sí, pero déjalo. No quiero entrar en una novela tampoco.
—No, no, está bien. Pero viste, te quería preguntar…
—¿Cómo te llamás?
—María. ¿Vos?
—Gonzalo.
—Okey… bueno, un gusto, Gonza.
—Un gusto.
—¿Querías otra birra?
—Sí, sí. Ahí la busco.
—Dale, okey.
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@golesescritos • Jul 13
Mi libro, por ahora, se llama "Skill Shot: El camino de Alex". Si me preguntan por qué elegí ese nombre, más allá de la historia en sí, creo que hubo una influencia muy clara: cuando salió FIFA 17 con el modo The Journey, protagonizado por Alex Hunter. En esa época veía en YouTube los gameplays de DJMario y recuerdo que los comentarios siempre se llenaban de gente escribiendo: "Mario, sube El Camino". Esas dos palabras, Alex y camino, se me quedaron grabadas. Con el tiempo, terminaron inspirando el nombre de mi protagonista y el título de la novela.

Al principio, incluso el diseño de mi protagonista estaba bastante inspirado en Alex Hunter. La historia no tenía absolutamente nada que ver, pero físicamente compartía varios rasgos. Con el paso del tiempo, mientras desarrollaba la novela y decidí vincular al personaje con Italia, fui cambiando su apariencia para que tuviera rasgos más europeos. Ahí la principal inspiración pasó a ser Nico Paz. Aunque nació en España, tiene raíces argentinas y una imagen que encajaba mucho mejor con el Alex que imaginaba para mi historia.
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@golesescritos • Jul 7
Hay que saber sufrir para gozar después... ¡Vamos, Argentina!
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@golesescritos • Jul 5
Si me preguntan en quién está inspirado Alex...

La respuesta es Nico Paz.

Desde que lo vi jugar, me llamó la atención su forma de entender el fútbol: la técnica, la personalidad, la calma con la pelota y la madurez que demuestra a su edad.

Y hubo algo más que terminó de inspirarme.

Ver cómo estaba creciendo en el Como, en Italia, me hizo imaginar a un joven argentino persiguiendo su sueño al otro lado del mundo. Ahí nació la primera semilla de Alex.

Pero después pensé...

Si un argentino sueña con Italia, es imposible no pensar en Diego Maradona.

Por eso decidí que el destino de Alex no sería el Como.

Quise rendir un pequeño homenaje a una de las historias más increíbles que dejó el fútbol: la de Maradona llevando al Napoli a conquistar lo que parecía imposible.

Ese espíritu de desafiar la lógica, de creer cuando nadie cree y de cambiar la historia de un club fue el que quise transmitir en la novela.

Así nació el gran sueño de Alex: viajar a Italia y vestir algún día la camiseta del Napoli.

Nico Paz fue la inspiración para crear al futbolista.

Maradona fue la inspiración para darle un destino.

Alex no es ninguno de los dos.

Tiene su propia historia, sus propios miedos y su propio camino.

Pero si alguna vez sintieron que había algo de Nico en su forma de jugar y algo de Diego en sus sueños... ahora ya saben por qué.

Gracias, Nico. Gracias, Diego.

Sin ustedes, probablemente, Alex no existiría. 💙
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@golesescritos • Jul 5
Alex vs Emilia.
¿Están preparados para ver cómo se sacan chispas? 😏⚽
¿Vos de qué lado vas a estar? 👇
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@golesescritos • Jul 4
Aprovechando que, durante el Mundial, Google cambia su logo por un jugador pateando una pelota, se me ocurrió recrear esa idea... pero con el logo de mi nueva novela. ⚽🎯
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@golesescritos • Jul 4
Conocé a Alex Coviello ⚽

¿Cómo se me ocurrió este personaje?

Cuando empecé a escribir esta novela tenía claro una cosa.

Sentía que muchas historias de fútbol empezaban igual: el protagonista llega a un equipo, ese equipo es malo y, gracias a su talento, poco a poco lo transforma en un campeón.

A mí me interesaba contar otra historia.

Quería empezar antes de todo eso.

Quería mostrar al chico que todavía no llegó a ningún lado. El que duda, el que fracasa, el que pierde trabajos y escucha constantemente que debería abandonar su sueño.

Así nació Alex.

Un pibe de 17 años que no empieza siendo una estrella. Ni siquiera sabe si va a tener la oportunidad de demostrar lo que vale.

Por eso Alex no comienza levantando una copa.

Empieza perdiendo su trabajo, discutiendo con su padre y preguntándose si realmente vale la pena seguir persiguiendo el fútbol.

Después apareció su gran objetivo: jugar en el Napoli.

No porque sí.

Quería que ese sueño tuviera un peso emocional, así que decidí conectarlo con una promesa hecha a su abuelo Tano. Desde ese momento, viajar a Italia dejó de ser un objetivo deportivo y se convirtió en una deuda con alguien a quien amaba.

También intenté que Alex representara un conflicto que creo que muchas personas, especialmente quienes quieren vivir de su arte, conocen muy bien: elegir entre aceptar un trabajo estable o seguir apostando por un sueño que casi nadie entiende.

Todavía sigo descubriendo cosas sobre él mientras escribo.

Pero hay una que ya tengo clara.

Alex no pelea solo por llegar a Italia.

Pelea por demostrar, sobre todo a sí mismo, que no nació para conformarse.
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@golesescritos • Jul 3
Hola, soy Gabi.

Hace algunos años, en Córdoba (Argentina), me hice una pregunta que terminó cambiándome la vida.

¿Y si el fútbol también pudiera jugarse de manera individual?

Esa simple pregunta me llevó a crear **Skill Shot**, un deporte completamente nuevo. Lo que empezó como una idea escrita en un cuaderno terminó convirtiéndose en una cancha, reglas propias, torneos y una comunidad de personas que se animó a probar algo que nunca había existido.

Fueron años de aprendizaje, errores, emociones y momentos que jamás voy a olvidar.

Pero la vida también cambia los planes.

Por diferentes circunstancias, Skill Shot dejó de organizarse. Y durante mucho tiempo sentí que todo el esfuerzo, las personas que conocí y las historias que nacieron alrededor de este deporte iban a desaparecer conmigo.

Hasta que entendí algo.
Los deportes no viven solamente en una cancha.
También viven en las historias que son capaces de inspirar.
Entonces tomé una decisión que jamás imaginé.
En lugar de dejar morir Skill Shot, decidí darle una segunda vida.
No organizando más torneos.
Sino construyendo un universo de ficción.
No quiero escribir una novela sobre un deporte.

Quiero crear un mundo donde cada torneo, cada amistad, cada rivalidad, cada derrota, cada victoria y cada sueño tengan una historia que merezca ser contada.

Y todo comienza con Alex Coviello.

Alex tiene 17 años.

Acaba de perder su trabajo, su padre cree que perseguir el fútbol es una pérdida de tiempo y la relación con su novia empieza a romperse. Pero lo que más le duele es sentir que cada día se aleja de la última promesa que le hizo a su abuelo antes de morir: algún día iba a jugar en el Napoli, en Italia.

Cuando siente que todo se derrumba, descubre Skill Shot.

Al principio solo entra porque necesita ganar dinero para acercarse a ese sueño. Cree que será un torneo más.

Pero no tarda en descubrir que ese pequeño deporte callejero está a punto de cambiar su vida para siempre.

Y Alex es apenas el primero.

Mientras escribo esta novela también estoy construyendo un universo lleno de personajes que ya viven en mi cabeza. Algunos serán amigos inseparables. Otros rivales inolvidables. Algunos te van a hacer reír. Otros probablemente te rompan el corazón.

Cada uno tendrá su propia historia.

Cada uno verá Skill Shot desde una perspectiva diferente.

Y, poco a poco, todas esas historias terminarán conectándose.

Este proyecto todavía está en construcción.

Estoy escribiendo la novela, desarrollando este universo y compartiendo todo el proceso desde cero. Quiero que quienes lleguen hoy puedan ver cómo nace un mundo que, ojalá, dentro de algunos años tenga vida propia.

Si te da curiosidad conocer cómo nació realmente Skill Shot, todavía podés encontrar videos, fotos y parte de esa historia en Instagram: @skillshot1vs1.

Y si te gustan las historias de superación, los personajes que se sienten reales y los universos que crecen libro tras libro, me encantaría que me acompañes desde el principio.

Porque aunque Skill Shot ya no se juegue como antes...
Tengo la sensación de que su mejor historia recién está por empezar.
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